Las heridas invisibles no se borran solo con el invierno de los años. Aunque las vulneraciones más graves de los derechos humanos ligadas al contexto vasco cesaron tiempo atrás, el sufrimiento, el trauma y las secuelas psicosociales siguen pesando en silencio en la intimidad de muchas personas y en sus entornos afectivos y comunitarios.
Los procesos institucionales de reconocimiento y reparación cumplen una función fundamental y necesaria. Sin embargo, la sanación emocional y comunitaria es una tarea humana que requiere otro tipo de espacios complementarios.
Sendaoroi nace para ser esa comunidad de cuidados que complementa los marcos existentes: un lugar donde descansar del peso del pasado, un suelo firme para el trabajo personal y un ágora donde tejer de nuevo, paso a paso, los lazos que un día se desgastaron.